Fabulaciones o relatos inconclusos

Por Maeva Peraza

La historia y sus reescrituras siempre han representado fuentes de tensión a la hora de abordar la veracidad de la realidad. Las posturas asociadas al acto de relatar el hecho histórico, han experimentado continuamente parcializaciones y visiones sesgadas, de acuerdo al interés, grupal o individual, que recuerda la máxima anónima: “la historia es siempre contada por los ganadores”. Pero es necesario señalar la presencia de relatos fluctuantes, que se construyen al margen, focalizados en la alteridad y en la individualidad; en este sentido la historia asemeja a un recorrido vital, pleno de bifurcaciones y ambigüedades.

La exposición La historia es larga, la vida es corta, de Antonio Espinosa, evidencia estas búsquedas individuales, realizando un sondeo colectivo a tópicos que conforman la historia personal del artista, aunque en ese afán es posible encontrar trazas de la historia de la nación, la región o el espacio ocupado, de acuerdo al hecho conflictivo que siempre conlleva el “estar”. La implicación del objeto artístico, a la hora de conformar la historia, refuerza los criterios ficcionales utilizados para aprehender la realidad; en este caso la fabulación emplea objetos disímiles, que desde su funcionalidad y representación, transgreden su semántica habitual para reflejar un tránsito lleno de matices críticos, donde el objeta relata, explica a partir de su propio significante y aporta historicidad, desde su subversión.

El hecho de que el objeto “comente”, “dialogue”, debe ser entendido en la muestra como una ponderación a la carga de historicidad que presenta todo lo existente, desde el momento en que el valor de uso del objeto en cuestión implica la historia del mismo; de modo que Antonio Espinosa nos propone múltiples historias o múltiples historicidades, donde las cosas recuentan, en nueva semiótica, la historia de ellas y también la de todos.

La obra “Sujeto colectivo”, ilustra la intención del autor de hablar desde lo “otro”. El tríptico persigue, a partir de la visibilización y la multiplicidad, mostrar una consecución de estados psicológicos en los que el ser humano anula su individualidad para sumirse en una entropía comunicativa. Sellos, cajas de medicamentos y golosinas, son solo un pretexto para adentrarnos en procesos como la alienación y la conformidad, comunes en una sociedad que Antonio Espinosa desea que reconozcamos.

Por su parte las obras “Resistir” y “Revolución”, aparecen hermanadas por el hecho de utilizar la gráfica de las propias palabras en la representación. Las cajas vacías y los sellos del Partido Comunista de Cuba, conforman entidades significativas, devenidas en consignas vaciadas de significado a lo largo de los años; del mismo modo, el conjunto “Renuncia y ambigüedad”, aboga por la exposición de ciertos lemas o himnos patrióticos, pronunciados en ingentes discursos y concentraciones públicas. Frases como: «…mi primera obligación», «…muchos años de lucha», «…la obra revolucionaria»; son antecedentes con los que el artista alude a períodos históricos y conflictos sociales, que derivaron en una fractura de los ordenes precedentes.

La historia que evoca Antonio Espinosa a través de las obras exhibidas, resulta tan íntima como plural; se trata de un producto de la memoria colectiva, donde el espectador reconoce su propia historia; pues los relatos que propone el artista se abren para que el receptor complete su significación, a partir de la evocación, de la remembranza.

En este sentido, los trabajos “Imagen de mi memoria” e “Historia”, aluden al factor inclusivo y plural de la memoria, lo que propicia que las piezas presenten un sentido de colectividad. En el primer caso, presenciamos la imagen rotunda del mar, que ha marcado y condicionado la historia de la nación, a partir del intercambio, el viaje, el éxodo. La segunda obra, que destaca dentro de la muestra por el juego con las dimensiones, aprovecha la grafía de la palabra para (re)construir un concepto de historicidad de mayor apego al contexto cubano. La suerte de librero que simboliza la pieza, en afán instalativo, alberga libros referentes a la historia de Cuba y sus máximos gestores. Se trata, en este caso, de la unión aparentemente feliz de libros reconocidos y avalados por el Estado y de otros, que responden a un discurso diferente, escritos por los “detractores” o disidentes del régimen. Antonio Espinosa deja entrever la variabilidad de toda construcción histórica en tanto construcción ficcional; de ahí que estas reescrituras resulten imprescindibles.

Las fabulaciones presentadas en la muestra La historia es larga, la vida es corta, parten de una memoria común, aunque la transgreden y amplían, juegan con ella y la maximizan desde las obras. Asistimos entonces a una reescritura inconclusa, que engrosa sus líneas a partir de la creación, lo que posibilita que la historia aumente y se torne interminable, mientras el hálito vital se vuelve, indefectiblemente, más corto.