Para adentrarse en una realidad cíclica

Por Maeva Peraza

Existe una suerte de paradoja que circunda el universo gráfico: la movilidad, la impermanencia. Desde hace algunas décadas, en el panorama cubano ha sido visible la ruptura y hasta la desestimación de los límites formales entre las especialidades artísticas; con el desarrollo tecnológico y las posibilidades de los nuevos medios se ha expandido el campo del grabado, que ha venido a readecuarse y a enriquecerse. Aunque ya es común la mudanza entre campos concomitantes, el trasfondo de esta, lejos de develar una intención caprichosa evidencia una progresión conceptual que necesariamente lleva a la búsqueda de nuevos códigos:

[…] Sin dudas entre los artistas innovadores, están los nombres de los grabadores que también han transformado la historia de nuestra plástica, quienes, para sus obras experimentales, se desenvolvieron de forma familiar con las técnicas mixtas, la intertextualidad, el eclecticismo o “apropiacionismo” […].1 

En el caso de Antonio Espinosa, encontramos a un creador cuya vocación gráfica está ligada intrínsecamente a su obra instalativa, a un interés en mostrar la duplicidad de los contextos políticos, de la propia historia, o de cualquier expresión cercana a la tensión que genera el poder. El artista utiliza la palabra como signo visual y somete su grafía a la objetualización, al tiempo que descompone los significados. Sus trabajos asedian discursos imperantes focalizando su condición temporal, forzándolos a mostrar su verdadera naturaleza, o lo que es igual, su inoperancia.

Historia, viene a ser una de las piezas de mayor impacto y una de las primeras obras dentro de dicha “faceta instalativa”. De esta manera la Historia deja de ser un conjunto de hechos sucesivos, con incidencia en un determinado grupo social, y se convierte en acumulación, en suma de una narración desarticulada que apuesta por la mirada múltiple. Para Antonio Espinosa, la metáfora más adecuada al abordar el concepto es el librero como forma de convergencia; el artista conoce que la palabra es plurisignificativa en su función original e intenta demostrarnos que el objeto también lo es. En este sentido, la mayor ganancia de la pieza yace en la voluntad de aunar versiones diferentes, de hacer coincidir voces antológicamente enfrentadas para conformar una visión ecuménica de lo histórico. 

Por su parte la obra Reliquias de familia tiene como centro un motivo común,los logos identitarios de los congresos del Partido Comunista celebrados en Cuba, normalmente cada cinco años. El artista articula dicha propuesta a través de un elaborado sistema de ambivalencias, primeramente advertimos la repetición del símbolo ideológico que aparece impreso en cada plato; la imagen resulta lapidaria, en ella yace la bandera enarbolada por una masa eufórica, apenas esbozada, sin rostro y con los brazos extendidos. Pero el contrasentido continúa cuando nos detenemos en la fina porcelana de Limoges que sirve de soporte, se trata de un conjunto de manufactura francesa de gran renombre desde hace varios siglos. Así encontramos dos acepciones diferentes de reliquia, una de ellas ligada a la radicalización de un proceso social, y la otra sustentada en la emergencia de la tradición burguesa; curiosa coincidencia si tenemos en cuenta que estas expresiones se han entendido como opuestas y han sido negadas en un país donde se vuelve creciente la escisión social.

La complicidad de las fechas es el tópico que propone la obra Conquista de lo inútil, donde una suerte de fatum reúne hechos aislados temporalmente demostrando que en ello hay algo truculento, como si al enlazarse estos propiciaran una paradoja oculta que anticipa y determina el devenir de la historia. Dos instancias diacrónicas se reencuentran en dicha pieza: el 16 de abril de 1961, se hizo pública la Declaración del Carácter Socialista de la Revolución Cubana, determinando una dirección irrevocable en la vida de la nación;  mientras que el 2 de diciembre de 1986 quedó concluido el proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas de aquella proclamación que se firmó veinticinco años antes. El creador parece decirnos que no hay azar en la coincidencia de estos momentos; la macrohistoria vuelve sobre sus pasos mientras los hechos se repiten desdeñando cualquier resistencia. La “conquistas” se reafirman y se recuerdan hasta el cansancio, llegando al borde de la insustancialidad, de lo inútil.

Hay un recorrido circular en estas obras, una rotación que recala en el mismo punto demostrando la desidia mental, la no acción en la realidad presentada. Más allá del atractivo añadido que supone el arte político y de la acción social que conlleva la práctica comprometida, Antonio Espinosa sujeta las circunstancias y la ideología a una instancia mayor: la del inexorable paso del tiempo. 

1. Péramo, Hortensia: “Grabado en la Memoria”. En Grabado en la Memoria de Aliosky García. Ediciones Cúpulas, La Habana, 2014.